©Fede Caraduje

Si fuera una película es una pieza que explora las posibilidades del sonido en el cine para pensar la escena teatral. Un sonido que dramatiza, ficciona o resignifica las imágenes que toca, que produce extrañeza, humor o se convierte en metáfora viajando de lo verosímil a lo irreal. Esta superposición de elementos narrativos, el sonido ligado a lo cinematográfico y la escena, nos muestran las potencialidades de ambos. El sonido como generador de posibles ilimitados y la escena con su infinito código de representación.

Concepto: Macarena Recuerda

Intérpretes: George Marinov y Macarena Recuerda. Con la colaboración de Idurre Arriola e Irantzu Azpeitia

Producción de sonido: Alberto de la Hoz

Iluminación: George Marinov

Audiovisual lumínico: Macarena Recuerda

Asesoramiento coreográfico y vestuario: Jorge Dutor

Música: La Bravo & Gydeon. Con la colaboración de Segundo Olaeta Musika Eskola (Gernika-Lumo): Artur Sustatxa (Arreglos), Unax Atristain (Trompeta), ⁠Beñat Zobaran (Trompeta), ⁠Gartzen Cosme (Trompa), Iñigo Jaio (Trompa), ⁠Gartzen Cosme (Trompa), Ekaitz Gutiérrez (Tuba) y Martxel Asteinza (Percusión)

Una producción de Macarena Recuerda Shepherd, Antic Teatre que colabora el Gobierno Vasco.

Residencias en el Gernikako Udala, El Graner (BCN), Aulestiko Udala, Zornotzako Udala, Bilboko Udala, Teatro Ensalle (Vigo) y La Mutant (Valencia).

©Fede Caraduje


©Jordi Valdivieso

Críticas

«Si fuera» de Stanislavski por el método Macarena Recuerda Shepherd 

por Afonso Becerra. 12/05/2025

Los espectáculos de Macarena siempre superan cualquier expectativa. Todo lo que he visto siempre me sorprende. Consigue fascinar mientras investiga y explora los límites de la danza, el teatro y las artes del movimiento. Pienso que, además, sus propuestas implican siempre también una cierta dimensión metateatral, una reflexión práctica sobre los modos, formas y discursos artísticos.

En este caso, el espectáculo es la mímesis sonora de una historia cinematográfica, que imaginamos a partir de las acciones sonoras realizadas en directo delante de nosotros. Una curiosa propuesta post dramática, que utiliza el concepto de imitación/representación/mímesis propio del modo dramático de origen aristotélico, aplicado a la imitación o representación de escenas sonoras (sin palabras).

Y, al mismo tiempo, la teoría de El espacio vacío de Peter Brook, según la cual, entre otras cosas, la utilización de objetos neutros, a través de la acción, estimula nuestra imaginación para recrear escenas, por ejemplo, un palo se transforma, a través de la acción, en un caballo o una espada imaginarios. Así pues, aquí estaríamos hablando de “El Espacio Silencioso” de Macarena Recuerda, estimulando nuestra imaginación a través de una performance que activa diversos objetos para producir sonidos con los que podemos recrear escenas dramáticas: un paseo por el bosque, la entrada a una cueva o un lugar misterioso, una persecución peligrosa, una pelea y otras aventuras, como en una película de acción.

Además, Si Fuera una Película nos lleva también al mágico “Si” de Stanislavski, a las situaciones dramáticas subjuntivas del “si fuera”, en ese desdoblamiento entre lo que somos y dónde estamos y el ejercicio de imaginar situaciones extraordinarias o ficticias.

Si fuera una película, sería una que pudiéramos realizar en nuestra imaginación, a partir del universo sonoro generado ante nuestros ojos. Allí, el dispositivo escénico y el escenario, como laboratorio de operaciones artísticas, funcionan en una dimensión laboral y artesanal, que nos deleita y nos concentra en todas esas actividades con las que Macarena y George Marinov recrean/representan, de forma audible, escenas de una hipotética película. Esto contrasta con el nivel ficticio que imaginamos, creando así una división entre la materialidad y la fisicalidad de la acción escénica y la fantasía que se representa en la pantalla de nuestra imaginación. Sin duda un ejercicio fascinante donde lo sensorial se potencia y demuestra su elocuencia.

Una forma lúdica de despertar nuestros sentidos dormidos, en esta era en la que la IA (Inteligencia Artificial) y el mundo digital parecen tender a atrofiarse, ofreciéndonos la posibilidad de resolverlos nosotros mismos y sustituir nuestra creatividad.

Mención especial para el comienzo, con todos escuchando con auriculares, en susurros, una conversación entre dos espectadores especulando sobre lo que vamos a ver. El hecho de que nadie entienda estas propuestas «vanguardistas», pero a ver si, al menos, resulta divertido o entretenido y que, para el resto, como normalmente tienen poco o nada que decir, siempre queda el consuelo de que, seguramente, no durará mucho, porque esta gente de la escena contemporánea, además, no es muy trabajadora y esforzada… (parafraseo del recuerdo de lo oído al principio). Humor bendito e ironía para una especie de prólogo, que también podría ser una cómica “captatio benevolentiae”. Un murmullo que resume muy bien el “sambenito” que pesa sobre las teatralidades post dramáticas o lo que también llamamos creación contemporánea.

Macarena Recuerda Shepherd presenta If it were a movie en La Mutant el 23 y 24 de mayo.

En la nota de prensa a propósito de COSA. Intervenir un cuerpo presentada en Teatro Ensalle (Vigo) del 18 al 20 de octubre de 2024 pone lo que sigue:

En 2017, Macarena Recuerda Shepherd, comenzó la creación de la Trilogía del Ilusionismo. Es la puesta en escena de una investigación que la ha llevado a pensar cómo la ilusión conecta con la esencia de lo teatral, exponiendo sobre la escena la convención y la magia, la realidad y su doble, la acción y la ficción. Son piezas que juegan de manera muy creativa, divertida, estética y provocativa con nuestra percepción de la realidad. Lo hacen sin trampa ni cartón o, mejor dicho, con “el cartón a la vista”, conformando piezas en las que nuestro cerebro cae inevitablemente en la trampa, le demos permiso o no. Un canto (in)consciente de la imaginación en detrimento de la certeza.
[en COSA] se convierten en una especie de “animantras” que “prestan su cuerpo” para literalmente, animar a los objetos que se topan en el escenario.

 

Lo que sigue a dicha trilogía es un juego muy diferente (como lo son las tres piezas anteriores entre sí) pero continúa explorando y explotando la capacidad de Macarena Recuerda para desubicar al público, dicho esto en sentido tan figurado o literal como cada una quiera. Pienso, por ejemplo, en el uso de la “¿cuarta pared?” de esta pieza y me entra la risa. Macarena y George Marinov nos proponen que la obra, la verdadera obra, sucede en un lugar figurado por encima de nuestras cabezas. Yo veía claro por dónde discurría la cinta (en el caso de Ensalle en una viga que hay sobre la boca de escenario), pero entonces ¿dónde estoy yo? La atención hiperconcentrada de George y Macarena está fija durante toda la primera parte de la pieza en un lugar hipotético, una especie de nube que flota sobre nuestras cabezas. La sucesión de imágenes de dicha nube atrapa a las creadoras en una expectación absoluta, que me hace desaparecer absolutamente de mi sitio. Es algo que sucede a menudo con Macarena. Me gustan las piezas que incomodan, y ella tiende, más bien, a “in-acomodarme”. ¿Está la atención visual de las intérpretes más presente que la mía? ¿Esta pieza sucede más en la maldita viga que en el escenario? ¿Qué hago aquí? ¿De verdad estoy viendo el estudio de sonido de una peli de animación en la que los actores ignoran, inconscientemente o con alevosía, nuestra presencia (ríanse de nuevo de la cuarta pared)? Eh, sí, Artús, esa parece la propuesta, es una obra de teatro que se hace llamar Si fuese (o fuera) una película, aún no lo han decidido, lo tienen más claro en inglés. Nada más sentarme, alguien en el patio de butacas cuchichea “con ese título no empieza bien” o algo así, tampoco lo tengo claro, tengo los auriculares puestos. Los auriculares, por cierto, son como un tabique muy fino que me separa del resto del patio de butacas para sumergirme en la pieza, que me aíslan al tiempo que me funden de manera excepcional con el resto de cándidas dispuestas a disfrutar como crías.

Sobre la técnica, por así decirlo, de Macarena habría que mentar alguna cosita. La pieza exige una enorme precisión técnica en el manejo de la luz y el sonido, combinada con una interpretación “intensa” como exige un buen doblaje y a la vez no olvidemos el nivel de atención mantenida sobre la pinche viga. Está clara su disciplina desde hace años, su larga, variada y multidisciplinar formación, su experiencia y currículum con compañías de fuste y todo eso, pero aquí Macarena lo juega como una herramienta u objeto más entre todos los que hay dispuestos en el escenario. Su experiencia es un elemento más, otra herramienta, aplicación o juguete. Porque se toman el juego muy en serio, ¿qué si no?

Sin ánimo de ser un “spoiler” (lo que en mi época se llamaba “auténtico gilipollas”) procedo a un repaso por el recuerdo de este último invento que Macarena Recuerda me dejó:

Desubicado en mi sitio e in-acomodado en mi silla, me dispongo a que Macarena y George me tomen el pelo, pongo mi atención para no perderme ninguna jugarreta. Han venido estudiantes de la ESAD de Vigo, seguramente recomendados por alguna profesora con sentido del humor. No envidio su juventud tanto como su desconocimiento de la compañía programada cuando caen a la primera. No me preocupo, sé que mi neocórtex pagará con gusto las que siguen. A continuación una especie de pequeño calentamiento para creadores y público, un preámbulo que vislumbra la propuesta. Como decía en aquella nota de prensa nos presentan la trampa y el cartón. Esto no es un espectáculo de magia. En todo caso sería más bien la contra de un espectáculo y, en cuanto a la magia, compañeras y compañeros de patio, depende de cada quien. Entonces empieza la peli, el cinexín de Macarena Recuerda. Al igual que la compañía le voy a dar para adelante a la cinta que tengo en la cabeza. Solo mentar la compenetración en escena entre las intérpretes que me dispone fácil a la candidez, a que el sonido produzca imágenes muy claras que te colocan por completo en medio de la cinta que, supuestamente, ocurre en el lugar en el que te encuentras (de hecho eres parte de la proyección). Recuerdo ahora un ejemplo del nivel de inmersión en que me hallaba cuando el sonido de un ave nocturna en plena mañana produce una fabulosa extrañeza. Así transcurre en mi recuerdo la primera parte de la obra a la que se incorporan “desubiques”, por decirlo de algún modo, que producen una curiosa paradoja al mezclar una realidad ficcionada externa a la ficción real que se da en el escenario. Es como un juego de reflejos que te pierde entre sus retroproyecciones hasta el punto de sumergirte en su/tu propia ficción, una/otra ficción que se apropia del espectáculo. Me recuerda un poco, aunque temo explicarme mal, al juego de La Historia Interminable o de El mundo de Sofía o, mejor, me recuerda a la paradoja del maestro Zhuang Zhou quien sentía por las cosas una inquietud muy similar a la de Macarena Recuerda, lo que me hace pensar en el matiz crítico (no sé si decir político) que encuentro (no sé si por tendencia propia) en el trabajo de la compañía. Es una interpretación que me recuerda a la que hace Borges de la paradoja del maestro chino. Lo dejo para el final de este artículo porque queda mejor y porque antes quiero hablar de la segunda parte de la pieza o epílogo esencial.

La niebla cierra la primera parte y nos envuelve para introducirnos en la segunda parte de la obra. Aquí el sonido “ya viene hecho”, ahora la protagonista es la luz. Recordemos que estamos en la proyección, una proyección que atraviesa la niebla para cubrir al público. Me estoy dando cuenta mientras escribo que para mí el tema central es el espacio, esa pregunta que me hago todo el rato: “¿Dónde leches estoy? ¿Dónde está mi atención? ¿Dónde está la pieza? ¿Dónde está lo que pasa?”.

Sobre la fachada de mi rostro se proyectan imágenes. Por lo general las imágenes suelen ser recogidas por mis ojos gracias a la luz que rebota sobre la materia, esa información continúa por un canal hasta un punto de mi cerebro que procesa la información. Pero en este nuevo juego de reflejos esa zona de mi cerebro se convierte en una caja negra donde es proyectada la película, es decir, la imagen se da dentro de mi cerebro, es decir, mi cráneo es la sala de cine y lo que tengo delante no es más que luz y color, es decir, la imagen sin decodificar, de manera que el cerebro ¿es el proyector? Sé que suena delirante, a paranoia, suena a “craneada”, es desconcertante y divertido, desconcertante como es todo lo divertido, divertido como es todo lo desconcertante. La culpa de este desconcierto es de George Marinov, un tipo con un gusto para la luz que nos hará hablar de él a menudo, créanme. En este viaje transcurre la segunda parte para finalizar la obra (perdón, la peli) con, como no… (¡¡¡ATENCIÓN, PELIGRO, CUIDADO QUE VIENE EL SPOILER!!!)… los títulos de crédito.

Es la comidilla, como decían en el pueblo, que la realidad está constantemente en proceso de creación, que es un work in progress y, también dirían en mi pueblo, Macarena, aunque divertida, tiene su punto macarra, es una saboteadora.

Aquí va esa reflexión que prometí, en ella siento que Zhuang Zhou nos presenta, alegóricamente, este trabajo de Macarena Recuerda con George Marinov y Borges me explica, por fin, (gracias JL) un poco dónde estaba yo:

Hace un tiempo, yo, Zhuang Zhou soñé que era una mariposa, una mariposa que volaba alegre y tranquila, de aquí para allá con total libertad. Inmerso en ese sueño, no sabía que yo era Zhou. Repentinamente desperté de ese sueño y me di cuenta que sin dudas yo era el mismo Zhou. Pero tuve una duda, ¿acaso era yo Zhou, el que había soñado que era una mariposa, o bien podía ser que fuera una mariposa soñando que era Zhou? Sin embargo, necesariamente debe haber una diferencia entre Zhou y la mariposa. A esto le llamo “la transformación de las cosas”.

Zhuangzi, Capítulo Qi wu lun o La discusión de las cosas.

 

En la China, el sueño de Chuang Tzu (Zhuangzi) es proverbial; imaginemos que de sus casi infinitos lectores, uno sueña que es una mariposa y luego que es Chuang Tzu. Imaginemos que, por un azar no imposible, este sueño repite puntualmente el que soñó el maestro. Postulada esa igualdad, cabe preguntar: Esos instantes que coinciden ¿no son el mismo? ¿No basta un solo término repetido para desbaratar y confundir la historia del mundo, para denunciar que no hay tal historia?

J. L. Borges (1899-1986), Nueva Refutación del Tiempo, en Otras inquisiciones (1952).

Artús Rei

En esta pieza en torno a los efectos auditivos para cine y radio, coproducía por L’Antic teatre , se produce una inversión de valores vertiginoso y lo periférico se vuelve central. 

Lidia González Zoilo era el tercio moreno de Amaranto, un trío de teatro físico que vino a abrirse camino artístico al iniciarse los años 2000. Reflejo de su lucha, fue Cuatro movimientos para no caerse muerto, un espectáculo irónico donde se zurraban de lo lindo. Luego de que el grupo se disolviera, por arte de birlibirloque apareció en los escenarios alternativos una tal Macarena Recuerda Shepherd. Mediante este heterónimo, González Zoilo se introdujo en el maravilloso mundo del ilusionismo.

¡Ay! ¡Ya!, pieza suya producida en 2018, es una sucesión de prodigiosos trampantojos humanos que ella y la bailarina Sofía Asencio, su alter ego rubia, van tejiendo y destejiendo con sus anatomías. En ese universo feliz, un culo femenino es el rostro de un elfo; las uñas pintadas de negro de los dedos índice y anular son las pupilas de un hobbit y la melena de Lidia se convierte en la barba de un sacerdote. A veces Sofía pierde sus piernas y se pone las de su colega, que a cambio toma prestados sus brazos. Pero lo que pierden más a menudo ambas es la cabeza, como los aristócratas franceses durante el Terror. Junto con sus dos obras siguientes, The Watching Machine Cosa (una incursión casi sin concesiones en el teatro de la forma pura), ¡Ay! ¡Ya! configura una Trilogía Ilusionista, que sigue muy viva.

En Si fuera una películasu obra más reciente, Macarena Recuerda abandona la corporeidad para recrear la labor de los efectistas o ruideros, los técnicos que en los radiodramas replican el galope de un caballo golpeando las dos mitades de un coco o recrean el crepitar del fuego apretando una bola de celofán. Con el ocaso del cine mudo, los creadores de estos efectos de sala (o decorados sonoros) se incorporaron al séptimo arte. En esta nueva coproducción con L’Antic Teatre de Barcelona, recién representada en la sala madrileña Réplika Teatro, el público se calza unos cascos para asistir a una función donde los actores están al servicio de los efectos que producen, al revés que en la radio y el cine. Es un puro ejercicio de estilo, un teatro donde se produce una vertiginosa inversión de valores y lo accesorio se vuelve central, como sucede también en A Nublo, de Edurne Rubio y María Jerez.

Si fuera una película

Macarena Recuerda

Intérpretes: George Marinov y Macarena Recuerda. Con la colaboración de Idurre Arriola e Irantzu Azpeitia. Macarena Recuerda Shepherd.

Sala Baratza (Vitoria), 20 de diciembre. L’Escorxador (Lleida), 15 de enero. CA2M (Móstoles), 22 de febrero. Antic Teatre (Barcelona), 26, 27 y 28 de febrero, y 1, 5, 6, 7 y 8 de marzo.



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