©Alexia Bombaci

La máquina de mirar era el nombre que recibía aquellos objetos del S. XIX que a través de espejos y obturadores creaban ilusiones. En la pieza The Watching Machine imaginamos que la máquina generadora de ilusión es la propia caja escénica. En ella jugamos con la luz, las sombras y los reflejos para experimentar qué es ilusión, qué es representación y qué es convención teatral. Una pieza para todos los públicos.

Premio «Drac d’or» a la obra más innovadora Fira de titelles de Lleida.
Espectáculo selecionado en el Circuito de la Red Teatros Alternativos 2021.

Idea original: Macarena Recuerda.

Creación: Miriam Ubanet, Ana da Graça, Jorge Dutor y Macarena Recuerda.

Iluminación: Miriam Ubanet y Ana da Graça.

Música: Nieves Arilla, Elliot, Roger Puig, Nico Roig y Román Gil.

Agradecimientos: Conchita Pons y Enara Aranbide.

Colabora: Gobierno Vasco, Festival BAD, Antic Teatre, El Graner, La Fundición de Bilbao, Harrobia y Azkuna Zentroa.

©Alexia Bombaci

Críticas

La inocencia de la mirada

Carlos loureda. Revista digital, Cine invisible

En nuestro tiempo de invasora electrónica, realidad virtual y triunfo de lo accesorio, macarena recuerda shepherd vuelve su mirada atrás para recrear el futuro. Como un ingenioso georges méliès regresando a la esencia de la ilusión y del artilugio, la artista performativa reactualiza las ‘máquinas de mirar’ concebidas hace siglos.
El público del siglo xix era un ávido consumidor de los trucos visuales. Espejos deformantes, proyecciones sobre placas pintadas, sombras chinescas, efectos de humo, sonidos estridentes y fantasmagorías varias, hacían las delicias de un espectador que entraba, sin ser consciente de ello, en la modernidad.
El cine, con su técnica de reproductibilidad técnica, fijó hace ya una docena de décadas la representación, para crear una imagen que pudiese difundirse sin límite en el tiempo y de la misma manera que se había creado y concebido en su origen. No existía posibilidad alguna de variación. El nuevo mundo de la técnica congelaba para siempre a los fantasmas del pasado y los condenaba, o salvaba, a vivir eternamente en la retina del público.
Macarena recuerda shepherd, en su espectáculo ‘the watching machine’ dentro del festival laboxl de san sebastián, apela a la inocencia de la mirada del espectador. Invita a redescubrir la virginidad del mirar cuando ya lo hemos visto todo. Además, un millón de veces. Y funciona. Nuestra capacidad de ensoñación no tiene límites, aunque a veces esté adormilada o en letargo por la acumulación visual sufrida por la omnipresencia de las imágenes.
Tras la instalación del artilugio para soñar (en donde las lámparas emiten sonidos y los sonidos se iluminan con la performance de la artista), el público ya se encuentra en estado de disfrutar de los cinco tableaux vivants, que componen la pieza: deformación de perfil con cintas, luces que crean nuevas figuras y diversos monstruos, en forma de insectos inquietantes y un luminoso final.
Como en ‘2001 odisea del espacio’, de stanley kubrick, el ser humano ya en el espacio, vuelve a ocupar el centro del universo, casi de una manera mística. Un ser central, brillante y desconcertarte (al mismo tiempo que desconcertado). Una pieza optimista y vital que, en un gesto heroico, nos invita a reconciliarnos con nuestra mirada y a disfrutar, de nuevo, de la ilusión.

Toni Rumbau

Se ha presentado del 2 al 5 y del 9 al 12 de septiembre de 2021 la obra the watching machine de macarena recuerda shepherd en el Antic Teatre de Barcelona. Una obra que en cierto modo continúa la exploración realizada en ¡ay! ¡ya!, donde se buscaba provocar la percepción compleja de las realidades dobles: ser y no ser a la vez algo o alguien. Es decir, recurrir a los juegos perceptivos del trompe l’oeil pero sin nunca perder de vista la realidad doble que lo crea.

En the watching machine, como el mismo título indica, nos encontramos de nuevo en los reinos de la mirada, con todo el escenario convertido en una especie de caja mágica en la que tienen lugar las correspondientes mutaciones perceptivas de la mirada doble -las cosas no son lo que aparentan ser- con una clara línea evolutiva metamórfica hacia un estallido ‘de algo nuevo’. Un propósito magníficamente logrado sin salirse en ningún momento del marco de partida y con los escasos elementos que entran en juego: un bosque de pies con sus micrófonos, cuatro espejos y unos rayos de luz que también juegan a desdoblarse.

Para conseguir esta transformación del espacio y de lo visible, necesita crear la artista, que en esta ocasión actúa sola (con el complemento técnico en la cabina), una atmósfera perfecta de lo que podríamos llamar un ritual performativo, es decir, una medición exacta y siempre autoconsciente del tiempo y de los tiempos de cada acción, siendo esta autoconsciencia espacial y temporal el secreto sutil, pero profundo y poderoso, que nos introduce al misterio del rito, de las miradas dobles y de la transformación.

Como en todo rito, hay una estudiada ‘puesta en escena’ de los elementos espaciales que lo van a conformar, en este caso el bosque de pies de micrófono que inundan el escenario, todos estirados al máximo y mirando hacia arriba, como queriendo captar sonidos y mensajes que vienen del cielo, del cosmos.

En un momento dado, macarena recuerda se permite unas secuencias de conexión directa con el público, cuando juega a engañar la percepción que tenemos de ella desdoblada en un espejo; como quien pone las cartas sobre la mesa, parece querer indicarnos que la clave del asunto es esta ambigüedad del desdoblamiento visual. También nos dice que la base de toda su propuesta se basa en el espejo y en su capacidad reflexiva: desdobla la imagen y quiebra la luz.

Pero no deja de ser un apunte que también engaña, pues el rito en el que nos vemos inmersos va más allá del juego de ser dos cosas a la vez. Como he dicho antes, la artista malagueña-vasco-catalana, dueña como es de los lenguajes dobles que exigen una percepción consciente de los mismos, nos embarca en una distorsión que es transformativa del espacio y del tiempo. El ritual lo es de verdad porque muta las realidades y nos introduce a algo nuevo y distinto.

Se sirve para ello del sonido: a través de un latido profundo que crece y se va vistiendo de unas capas de música que nos remiten a la canción ‘transfigurativa’ que ya nos cantó al principio, entonces aún desde la desnudez inicial de la puesta en escena del rito. Se trata de because, el conocido tema de los beatles.  Ahora la canción surge inmersa en una expansión ‘cósmica’, como si los supuestos micrófonos captaran por fin las vibraciones de aquellos sonidos buscados, de acorde en cierto modo con la letra de la canción.

Una ola de luz y música hila el proceso de transformación del espacio y de la propia actriz-oficiante, convertida ella misma en foco de expansión de infinitos rayos de luz que surgen del desdoblamiento quebrado de los haces luminosos reflejados en los espejos… un final casi de expansión mística o cósmica.

Creo que lídia zoilo, nombre real de la artista que se presenta como macarena recuerda shepherd, ha logrado lo más difícil todavía, desde la máxima sencillez y sin jamás perder la ambigüedad perceptiva que define su trabajo. Lograr un rito de transformación visual y sonora efectivo, sin perderse en las confusiones emocionales que suelen usarse para estos menesteres, sino manteniendo siempre despierto el ojo de una mirada de percepción autoconsciente, es decir, estando dentro y estando fuera a la vez, no es algo que se vea cada día. Se trata de una experiencia única, que nos remite a lo que podría ser un teatro del futuro que vaya más allá de los contenidos de siempre con sus vaivenes de juegos emocionales, y que se centre en los misterios de la percepción consciente del tiempo.

Conclusión: no hay que perdérselo.

Ferran Baile. recomana.cat

Sobre un escenario blanco cerrado por paredes negras, solo abierto de cara al público, la artista impecablemente vestida con un mono blanco va colocando micrófonos de pie. Los va situando armoniosamente diseminados por el blanco escenario. Sobre la pared del fondo, negra, coloca unas cintas adhesivas blancas. Al apagarse la luz se nos entreabre una puerta en la pared. Es la primera y sorprendente ilusión óptica del espectáculo. Macarena Recuerda, alter ego de la artista Lidia Zoilo nos conduce pausadamente por un fascinante mundo de ilusiones ópticas, de engaños visuales llenos de magia y poesía. Su magistral juego reflejándose en un espejo sostenido entre las piernas es una auténtica delicia, saludada por las continuas risas en especial las de dos niñas que asistían entre el público. Como si se tratara de una astronauta en el espacio sideral entre las brumas y una luz tenue, la artista nos va adentrando en un hipnótico universo sonoro-visual-coreográfico compuesto de haces luz, que terminará llenando todo el espacio escénico.

The watching machine es un bello, divertido, estimulante, relajante, fascinante e hipnótico espectáculo de teatro visual que alguien definió como ilusionismo performativo, también podría decirse visual auditiva investigación lumínica. En cualquier caso indefinible juego visual de cuerpos, luces, sombras, espejos y reflejos, de incuestionable belleza plástica y poética.

Una investigadora escénica con mucho talento.

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